Algunas funciones del Ácido Hialurónico inyectable

espalda

Nuestro cuerpo produce de manera natural el ácido hialurónico inyectable pero puede que en un futuro y debido a varias causas nos acabe haciendo falta en alguna de nuestras articulaciones o en otras zonas. Este elemento formado con polisacárido (glucosa) y de estructura gelatinosa se ubica en la sinovia y en el tejido cutáneo. Aproximadamente en nuestro organismo tenemos unos 7 o 8 gramos tan necesarios  para lubricar y proteger nuestras articulaciones ante posibles golpes o rozaduras que podemos sufrimos a diario.

Una de sus funciones que cabe destacar reside en colaborar a cerrar o suturar las heridas que nos hacemos ya que gracias a sus demostrados beneficios se encargan de trasladar las células a la zona de la herida. Además el AH protege el cutis de nuestros cuerpos ya que es capaz de crear un muro que nos ayuda a conservar la proteína más importante que tenemos los mamíferos: El colágeno.

Hoy en día es posible obtenerlo de manera natural (a través de algunos animales) o de origen bacteriano (creado en algunos laboratorios) pero la medicina moderna no ha sido capaz aún de saber cuál de los dos es mejor, lo que sí se ha podido demostrar es que funciona ya que durante los últimos 20 años se ha tratado a más de 30 millones de pacientes en todo el mundo que han presentado mejoras (la mayoría) inyectándoles ácido hialurónico mientras otros tipos de tratamientos más convencionales no habían  obtenido éxito.

De cara a la oftalmología cabe destacar que el AH se emplea para ayudar a producir lágrimas artificiales como tratamiento ante la sequedad en los ojos, permaneciendo el elemento durante mucho tiempo en la zona ocular tras haberlo suministrado por lo que se convierte en una solución a largo plazo ya que también es capaz de atraer el agua tan necesaria para humedecer los ojos.

Aunque no de manera tan común como en el caso anterior, hoy en día se emplea también el  campo de la odontología contra la sequedad en la zona de la boca y como posible remedio ante la articulación temporomandibular, así pues y gracias a su acción antiinflamatoria se emplea en problemas bucales como la gingivitis.

Se ha demostrado también que es muy eficiente a la hora de ayudar a regenerar el tejido lesionado en pacientes que han sido sometidos a radioterapia o quimioterapia, aportando así una ayuda muy necesaria en esos momentos tan duros.

Estos son sólo algunos de los beneficios o funciones que éste tratamiento “mágico” ofrece a muchísimos pacientes y que va en aumento a medida que evoluciona la medicina.

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